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Cinco años de Don Quijote

Este blog, como su nombre indica, es el registro de un periplo personal, una bitácora.

Hace cinco años comencé una etapa diferente en mi vida, y me planteé llevar un registro. Precisamente porque se trata de un camino, todas las opiniones que vierto son provisionales, un intento de comprender y recapitular. También es un experimento literario. Algunas de las personas a las que me refiero son reales. Otras son en realidad una mezcla de referentes, de varias personas distintas que me permiten crear un arquetipo con el que dialogar. Es un poco como Pirandello y Unamuno.

Con ese velo puedo reconstruir mis momentos emocionales, aquello que me ha inspirado y preocupado durante estos cinco años y ponerlos en perspectiva. Creo que ha sido una experiencia muy bella, y la dejo aquí para disfrute de todos.

Hasta siempre.


lunes, junio 20, 2011

Los perros y las flautas (barrocas)



Fragmento de "Las Indias Galantes" de Rameau, dirigido por el incomparable Jordi Savall, con el no menos incomparable Pierre Hamon a la flauta dulce barroca.


Pues el inserto de Youtube lo tiene casi todo que ver con el tema que quiero tratar. En definitiva, ya he dicho que este blog tenía como intención documentar un periodo de mi vida, una especie de retorno con antecedentes en el pasado.

Era 1996, un periodo terriblemente duro para mi. También era un periodo de crisis y subsiguientes ajustes en lo personal. Supongo, que como le dije a Raúl, viví por encima de mis posibilidades. Tenía un piso alquilado en un intento de semiemancipación, y esa semana me quedé a dormir.

Por la mañana, un típico vagabundo de perro y flauta me daba horas de cencerrada con una miserable canción mal tocada que repetía hasta la basca. Yo por aquellos tiempos tenía una aceptable flauta barroca. En un intento por adaptarme, por borrar el pasado y tirar pa' lante que dejó exhausta mi biblioteca, regalé mi flauta al mendigo a condición de que se marchara de allí y aprendiera a tocarla. El sujeto aceptó el regalo y al menos, en lo de dejarme en paz, cumplió la cláusula estipulada.

No sé si poco después, también con el pretexto de la música, pero en esta ocasión tradicional, sucedió la gran conspiración.

Las circunstancias eran asombrosamente similares a las del 15-m, pero en esta ocasión fuimos extraordinariamente listos para encontrar las trampas que desde las instancias atacadas nos podían poner, y al mismo tiempo tratamos de evitar colectivos etiquetados e irracionales cuya adhesión perjudicaría la causa.

Probablemente, el autor de este blog es así mismo autor, junto con pocos otros, del primer y más maravilloso Flash-Mob de la historia, que además acabó absolutamente coronado por el éxito. Hackeamos el sistema sin compasión y sin dejar rastro. No quiero contar detalles, porque para ello necesitaría el permiso de los otros (pocos) actores de aquella remota y precursora Op-elecciones.

De modo que cuando elogio a LulSec se debe a su capacidad de amagarse, que ha conculcado vilmente con ese pacto absurdo con Anonymous, porque todos sabíamos que existía, pero alguien se ha tenido que ir de la boca.

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Las circunstancias que rodeaban aquellos tiempos eran infinitamente peores a las que originaron este blog, y sin embargo, me supe adaptar, al contrario que en esta ocasión, en la que después de cuatro años, estoy peor que al principio.

Supongo que como los indignados, supe mantener las rentas mínimas para la futura adaptación atesoradas en los buenos tiempos, y lo hice a tortazo limpio. Lo lamento, pero era lo justo. Y también era más joven y lleno de recursos. Y supe que la adaptación había llegado cuando pude volver a disfrutar de Jordi Savall.

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Actualmente también ha habido tortas, pero las he dado sin convicción y mostrándome más. Pero tal vez lo más significativo es mi error, mi más grave error, ese error que me pesa tanto y que he manifestado sin decir de qué se trata.

Y siguiendo sin decir de qué se trata, tiene que ver con que al rehacer mi identidad, volví a retomar el pasado como única referencia sin darme cuenta de que ya no encajaba, ni me sentía cómodo -especialmente con el arte- ni tampoco hacía sentir cómodos a los demás. Con lo cual, la inadaptación creció en lugar de resolverse. Y probablemente en la mansalva de tortas indiscriminadas al público en general hice daño a alguien a quien quiero muchísimo. ¿Insuficiencia? ¿Incapacidad? No lo sé... Pero ante todo, tengo derecho a la normalidad, y la pelea no se ha acabado.

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No todo lo he hecho mal, ni mucho menos. Pero ahora quiero descansar, llevar una vida privada sin alteraciones y disciplinada. Ver claro... Y volver con otra máscara, que ya no sea Lafargus, ni Clarence Wing, ni Geshemel. Una máscara amable y humilde en mi pequeño rincón.

Y poder dar gracias.